Los audios que acompañan la historia son sonidos ambientales. Te ayudarán a vivir un relaato envolvente. ¡Se recomienda usar audífonos para una experiencia completa!
Adaptación de Annabella Troncoso Crovetto
En las tinieblas del palacio, donde el sueño reinaba y gobernaba un silencio intenso en cada rincón, sin embargo la melodía tétrica se creaba en medio del silencio mortal. Una maldición que por un pinchazo volvió a la princesa—una niña aún— en una prisionera de sus párpados, pesados como el acero, con un reino que por aquella maldición que cayó en ella, se tornó todo en un duelo de sueño. Ella sabía. Nadie conoce la historia de cómo realmente es. Alguna vez te has preguntado, ¿Si el narrador original de aquel bello cuento de hadas, podría mentir?
Al sentir unos fríos y ásperos labios despertó…
La maldición se había ido gracias al beso del “amor verdadero”, pero mirando los ojos del príncipe Felipe, aquellos orbes cafés, y rasgos que alguna vez vio…
No sintió el proclamado amor…
Solo sintió un escalofrío en su espalda, su mente hizo ‘click’ y supo que tenía que hacer.
Ella empujó al príncipe, en un acto de supervivencia y de sus propios instintos, luego de su “muerte de sueño” solo pensó en correr, lo más lejos de aquel hombre, corrió con sus pies aún adormilados por los pasillos, helados y oscuros del palacio, con el lejano olor a viejo y sucio …
Topándose con los sirvientes, las hadas, sus padres, todos ellos dormidos, con la fiesta intacta de su cumpleaños número 17…
Ella despertó pero nadie más lo hizo. No pudo evitar pensar que esto sólo apuntaba al hombre que se proclamaba su amor verdadero, una pieza que estorbaba en la historia, un intruso —- nada como el supuesto amor verdadero—-¿Como se puede definir el amor verdadero? ¿Qué es el amor verdadero?
El hechizo nunca fue hecho para el amor verdadero o para Aurora, de allí el castigo. Aurora por un momento deseó regresar a su profundo sueño ¿Quien no desea un profundo sueño donde todos tus deseos se hacen realidad y solo existe paz y belleza?
Con toda la ira y el coraje miró a su alrededor, cada rincón, cada rostro … Pensando, analizando lo que ahora sería su vida . Atrapada en los brazos de un príncipe que no conocía del todo, un hombre mayor que ella —- Aunque ella sabía que esto era mucho más grande que solo eso, era un plan y un guión que tenía que seguir—-.
Las pisadas del príncipe sonaban detrás de ella al ritmo de su corazón y lo único que le dijo antes de mirarlo a sus ojos cafés fue “Eres la razón por la que perdí todo, no fue Maléfica, fue que… Tu nunca fuiste mi amor verdadero”. Ella era solo tenía 17 años en el mundo, desconectada que se le había arrebatado todo en un abrir y cerrar de ojos, nunca tuvo una familia como todos, vivía aislada en el bosque con hadas que se hacían pasar por sus tías, aislada de la realidad.
Aunque el castillo también lo estaba, sobre todo la corona en su ignorancia abundante como sus banquetes.
Su mente y vista se volvió a negro, tal como apagar una vela … Sólo se topó con sus manos ensangrentadas mientras corría con sus pies aún descalzos, heridos a este punto, su vestido inútil por el bosque que daba a Maléfica. El plan estaba realizado, tenía que encontrarla, proseguir, tenía que salvarse, quería estar segura, el nuevo comienzo que ella espero 4 años por comenzar, la justicia que quería hacer.
Estaba sola en un bosque, sin tener donde ir. El frío se comía sus huesos y la sangre seca en sus brazos y vestido quemaba su cuerpo. Lo único bueno que le sirvió en esos años en el bosque aislada: Fue no perderse en él y volver al palacio al no haber hallado señal de Maléfica…Miró al cuerpo inerte del príncipe en la sala del palacio, y decidió tomar las riendas, sin saber de magia, tomó las varitas de las que alguna vez llamó ‘tías’ pero era inútil, por más que intentase los viejos hechizos que alguna vez escucho, ninguno respondió, ni hizo efecto.
Mientras caminaba por las afueras del palacio vio: Un dragón agonizando y esos ojos verdosos solo pensó en Maléfica. Se acercó ante la bestia y alzó las varitas como ofrenda o alimento hacia la bestia. No sintió molestia como con el príncipe, más bien vio una aliada –siempre lo hizo–. Le entregó las varitas suavemente a la bestia, la cual con sus garras enormes, débilmente las tomó y volvió a su forma natural, acompañada de una niebla, que envolvía a su cuerpo escamoso y de sangre fría, donde su cuerpo volvía a ser el de una mujer alta y siniestra.
Ambas se miraron y supieron que estaba hecho, la venganza completa, ahora solo quedaba la paz y el alivio para el pueblo. Maléfica limpió el palacio, la decoración y aquellos que estaban sumergidos en el sueño. Tal como se había planeado, fueron petrificados, así Aurora tomó el cargo de reina junto a Maléfica.
En esos años, Maléfica siempre odio a la corona, por dejar que el pueblo agoniza en hambruna, mientras el rey y la reina celebraban con fiestas glamurosas, diamantes en sus cuello. Manteniendo a la gente pobre, débil y forzando a todo ser sobrenatural exiliarse al bosque—cazados en algunos casos por sus pelajes para abrigos o costosos trajes— con la magia de las mismas hadas que se les unieron por el dinero, la comodidad a la corona: Las famosas llamadas “Las tres hadas madrinas”…
En cuanto nació Aurora si bien la hechizo para condenar a la corona, no lo hizo por maldad, lo hizo porque ya sabía lo que sucedería. El hechizo no era un castigo, era una ruta para salvar al reino.
Aurora aislada en el bosque junto a las hadas madrinas como protectoras, era algo que Maléfica se esperaba — como todo lo que le molestaba a la corona lo exiliaron—. Mientras que la dulce Aurora crecía, Maléfica siempre la mantuvo en su vista y cuidado secreto debido al poco interés que tenían las 3 hadas madrinas en la pequeña criatura, haciendo que supiera el plan de maléfica desde que cumplió 12 años de vida.
Maléfica nunca fue mala, solo le mostró la verdad. Mientras la corona vestía vestidos de pieles, joyas de diamantes, banquetes. Ni un solo peso corría al pueblo, los niños, mujeres y hombres morían por trabajo forzado y hambruna. En un inicio Aurora no quería apoyar a Maléfica con su plan ¿Después de todo quien desea estar con la villana de una historia mal contada?¿Quien desea apoyar a la mujer que quizás produzca tu muerte?… Sin embargo, mientras más crecía, más veía la verdad y la apoyo. Aquellos sueños
con el príncipe, la casual sorpresa de encontrarse con él en el bosque.
Todo fue planeado por Maléfica y Aurora durante años a escondidas, con el bosque como cómplice. Todos lo podían ver excepto la corona, sumergidos en su “lujoso final feliz”.
La hipnosis que todos creyeron que sucedió cuando Aurora se pinchó su dedo en el palacio, nunca sucedió, fue otro truco. —Hay que ser honestos, inclusive si fuese una hipnosis no había forma que maléfica supiese dónde estaba exactamente la rueda con la aguja en todo el castillo–.
Ahora sentada en el trono, se declaró reina a sí misma. En esos años, allí en Francia se solía usar la guillotina para eliminar a los tiranos reyes durante la revolución, pero a las afueras, en Mataquin no fue necesario, los mismos reyes se condenaron al caer en aquella trampa.
Una niña que no sabía de amor, pero que sí sabía sobre injusticia y cómo acabar con ella. Una niña que fue criada por extraños y vio cada herida, cada muerte que sucedía a manos de sus padres, mientras ellos gozaban de banquetes, y las comodidades del palacio.
Resulta que el final feliz nunca fue casarse y bailar un vals, como ella les mentía a sus tías, su final feliz era el mismo que el pueblo.
Así Aurora se convirtió en una de las mejores reinas de la historia de aquel pequeño pueblo, estableciendo leyes, justicia tanto para las bestias mágicas que habían sido obligadas a abandonar el pueblo como para las personas. Sin embargo, ella nunca podrá estar segura, ni al lado de Maléfica o del pueblo, ya que sabe perfectamente que: Aquellos que aplauden tu coronación, serán los mismos que aplaudan en tu caída.