Por Antonia Ávila Poblete
Rapunzel lloraba mientras madre Gothel, la mujer que la había secuestrado hace 18 años cuando era una bebé recién nacida, la mantenía encadenada en tanto que ella amenazaba a Eugene -el ladrón que en un principio quería robar la corona, se encontró con la princesa perdida y su nueva misión se convirtió en rescatarla de la bruja que la había privado de su libertad- para que no las siguiera a su nuevo escondite. Rapunzel logra convencer a su “madre” de que la deje despedirse de Eugene, se acerca a él y sin que la bruja malvada lo note, lo libera para que ambos puedan luchar contra la bruja. Madre Gothel se da cuenta de la situación, el reacciona y en un intento desesperado por salvar a la chica de largo cabello, forcejea con la bruja acercándose peligrosamente a la ventana de la torre, Rapunzel intenta detenerlos —¡Madre! Iré contigo, deja ir a Eugene— Cuando un paso en falso de Eugene provoca que él y Rapunzel caigan por la ventana.
Madre Gothel baja de la torre desesperada —¡Rapunzel!— Esperaba que la princesa siguiera con vida, pero el corazón de la chica ya había dejado de latir al igual que el del ladrón.
Gothel, sin ser consciente del estado de la chica, pensando que esta despertaría al día siguiente; tomó el cuerpo y la cargó hasta llegar al muelle, donde subió a Rapunzel a un bote y escapó con el cuerpo a un destino no determinado, llegando finalmente a una isla desierta. En la isla había una pequeña casa, era una cabaña de madera con lo justo y necesario para sobrevivir por un par de semanas, en la que madre Gothel comenzó a hacer nuevamente su vida con su “hija” ahora sin vida. La rutina de la bruja era “normal”, convivía con Rapunzel como si ella siguiera con vida, le conversaba, la peinaba, leían libros que había encontrado por la casa, pintaban con las pinturas de caracol favoritas de Rapunzel, imaginaban las linternas flotantes y todos los días le cantaba —flor que da fulgor, con tu brillo fiel, mueve el tiempo atrás, volviendo a lo que fue, a lo que fue…— incluso le cocinaba, aunque ella ya no pudiera comer, hablaba con ella y se respondía así misma tratando de convencerse de que todo era culpa de Eugene. Pero cada día tanto como su salud mental y física empeoraban aún más, pues ya no tenía la magia de Rapunzel para rejuvenecer, y al mismo tiempo el cuerpo de la chica se descomponía cada vez más. Mientras Gothel se aislaba cada vez más, los reyes enviaban expediciones por todo el reino, negándose a perder la esperanza.
Así pasaron meses, la bruja muriendo de inanición, pues se le había acabado la comida luego de las primeras dos semanas, volviéndose totalmente loca y envejeciendo cada vez más rápido, finalmente pierde la vida junto a una Rapunzel ya descompuesta.
Mientras en el pueblo, los reyes y padres de Rapunzel, seguían buscándola impacientemente.
Un día, cuando ellos pensaban que ya no encontrarían a su amada hija, uno de los guardias, el dueño del hermoso caballo Maximus, les comentó que habían encontrado la torre en la que yacían pertenencias, fotografías, ropa, juguetes y libros de la princesa perdida. El guardia les comentó también que desafortunadamente encontraron un cuerpo a los pies de la torre, todavía no sabían quién era y debían identificarlo. Al llegar a la torre, los reyes y los guardias, trataron de identificar el cuerpo, descubriendo que se trataba de Flynn Ryder. Los guardias pensaron que el ladrón mantenía secuestrada a la princesa y que esta logró escapar, pero al subir a investigar la torre, se dieron cuenta de lo que realmente había sucedido; como los reyes habían presenciado años atrás, Madre Gothel robó a su pequeña hija y la mantuvo cautiva durante 18 años.
Entre tanto, los guardias comenzaron a seguir los indicios para poder encontrar al fin a Rapunzel, los padres examinaban la torre y los recuerdos de infancia de su hija.
Maximus, el valiente caballo que ya había compartido con Rapunzel y Eugene en su aventura a ver las linternas flotantes, siguió el rastro de la bruja hasta el muelle en el que la bruja encontró el bote y huyó. Lamentablemente Maximus no podía seguir el rastro en el agua, así que iniciaron una búsqueda por todas las islas y pueblos cercanos.
Tras meses de búsqueda, finalmente encontraron una isla desierta en la que solo había una pequeña cabaña de madera. Los guardias entraron y registraron la pequeña casa para encontrar a ambas, la bruja y la princesa, muertas.
Los reyes hicieron una ceremonia con linternas flotantes para su hija y su amado, para que ambos descansaran juntos y en paz, ese día dos linternas flotaron juntas hacia la luna, algunos decían que se trataba de la princesa perdida y su amado al fin descansando juntos y en paz. Eugene fue recordado como un héroe que intentó rescatar a la princesa, al igual que Maximus; y Rapunzel recordada con cariño, todos vivían con el mal recuerdo de cómo fue encontrada la pobre princesa perdida, la historia más tenebrosa del reino, todos vivían con el miedo de que algún día llegara otra bruja malvada y volviera a ocurrir lo que pasó con la amada princesa. Así fue como todos vivieron tristes para siempre.