Existe un tiempo, cada cuatro años, que todo amante del fútbol espera con la mayor de sus ansias. Un período en el que el único tema de conversación en la mesa es sobre quién creemos que se consagrará campeón, cuáles serán las decepciones y quiénes se convertirán en las sorpresas.
Hablamos, por cierto, del Mundial. O para ser más precisos, del campeonato mundial de fútbol de selecciones masculinas adultas.
Sin embargo, esta edición tiene un sabor diferente, uno picante. A pesar de que nuestra selección chilena nuevamente quedó fuera de la cita planetaria, no se puede negar que en el continente se respira un ambiente especial, del cual no podíamos quedar ajenos. América – los 3 países de Norteamérica – son la sede de este torneo y eso nos acerca a la conversación, especialmente cuando hablamos de México. Y es que el balón vuelve a rodar – por tercera vez en citas mundialistas, marcando un récord absoluto – en un escenario tan icónico como son las tierras aztecas, aquel lugar en el que se han convertido en ídolos estrellas chilenas tales como Chupete Suazo o Carlos Reinoso, y por donde han pasado íconos de La Roja como Iván Zamorano o Alberto Quintano.
México también es escenario de hitos mundialistas inolvidables: el tercer título de Brasil en 1970 – que los hizo merecedores a llevarse de manera definitiva la copa Jules Rimet – y también las icónicas escenas conocidas desde entonces y para siempre entre los futboleros como «La mano de Dios» y «El gol del siglo», ambos en el mismo partido entre Argentina e Inglaterra y ambos protagonizados por Diego Armando Maradona, a la postre campeón por allá en 1986.
Hablamos de un lugar donde el fútbol es religión y se vive día tras día en cada esquina, y hoy se vuelve más protagonista que nunca. Esta mística, sumada a los imponentes estadios de Estados Unidos y Canadá, da como resultado la promesa de una Copa del Mundo
única. La primera – además – con 48 selecciones tomando parte de la cita.
Evidentemente, como amante del futbol, era algo que no me podía perder. Es por eso que me encomendé la misión de viajar a la tierra del tequila para presenciar en vivo el duelo entre las selecciones de Chequia – o República Checa – y Corea del Sur en el imponente Estadio Akron en Guadalajara.
Además de disfrutar de la fiesta del fútbol en su máximo esplendor dentro del recinto, tuve la oportunidad de conversar con los fanáticos locales sobre cómo experimentan la organización del torneo en su propia ciudad. Muchos de ellos me confesaron que se sentían más que preparados para recibir el torneo completo en sus tierras. “Yo siento que el mundial hubiera sido enteramente en México, no solo por la infraestructura, pero también culturalmente el ambiente en Guadalajara se vive o en cualquier lugar en México se ve muy diferente a Canadá o Estados Unidos en términos de futbol”, comentaba uno de ellos.
A pesar de que Guadalajara únicamente albergará cuatro partidos de la fase de grupos – además del ya mencionado Chequia – Corea del Sur, también recibirán a la selección local cuando enfrenten también a Corea del Sur, a Colombia en su partido frente a República Democrática del Congo y finalmente uno de los partidos más esperados de la fase de grupos, España versus Uruguay -, sus fanáticos ya han declarado a la ciudad como la capital del aguante, el lugar donde más se vive y se disfruta de esta pasión. “Fíjate que ya lo esperábamos desde hace cuatro años y estamos disfrutándola enormemente, se ve las playeras mexicanas por todos lados, por todo Guadalajara está el ambiente mundialista a todo lo que da y por todo México», celebra otro de los hinchas que asistió al partido.
Y es que, a pesar de que la escuadra azteca no figura en los papeles como una de las grandes favoritas para llevarse el trofeo, los locales no pierden la fe. Al contrario, sienten que si existe un momento histórico para dar el gran golpe y quedarse con el campeonato, es justamente este.
“Se vale soñar, obviamente hay selecciones mejores, pero si hay una oportunidad para
que México quede campeón, es jugando en casa” (aficionado mexicano)
Tras los noventa minutos de pura intensidad y con un resultado de 2-1 a favor de los asiáticos, pude entender que el fútbol va mucho más allá de veintidós personas corriendo tras un balón. Es, en esencia, el reflejo de la unión de culturas totalmente distintas a través de una misma pasión. En esa misma grada convivimos mexicanos, checos, coreanos e incluso yo, un chileno que cruzó el continente persiguiendo una pelota. Este deporte nos iguala a todos y nos convierte en hermanos de una misma tribuna, dándome la enorme oportunidad de ser testigo y partícipe de la mayor fiesta deportiva del planeta en un rincón del mundo que respira fútbol como ningún otro.