Por Matilde Reyes Pacheco
Louise y William se conocieron de casualidad, no pudieron compartir por mucho tiempo, pero el vínculo que formaron parecía sacado de un cuento de hadas, como si estuvieran hechos el uno para el otro.
Lamentablemente, William ya tenía su decisión tomada, no quería seguir viviendo así, postrado y 100% dependiente. Louise, por el otro lado, tenía su decisión tomada, amarlo hasta el fin de sus tiempos, acompañarlo, cuidarlo y apoyarlo, pero llegó el día, el día que William tanto estaba esperando. Entre lágrimas llegó Louise a la casona donde se le aplicaría la eutanasia a William, ella creía que solo quedarían los recuerdos de lo que un día fue.
-Louise, te estaba esperando. Tengo una sorpresa para ti. -Dijo William.
-Lo siento por haber llegado un poco tarde, la verdad no estoy preparada, no me siento lista para despedirme y dejarte ir. Me has hecho sentir como nadie lo ha hecho nunca, te amo y nada lo cambiará. -Dijo Louise emocionada, con un mar de lágrimas cayendo por su rostro.
-Lou, no llores, me rompe el corazón verte así. He pensado mucho este último tiempo, he pensado en nosotros, en lo que somos, en lo que significas tú para mi. Desde que llegaste a mi vida todo cambió, lo revolucionaste todo. Me devolviste las ganas de vivir, las cuales pensé que jamás volverían. -Le hablaba William a Louise, mientras se abrazaban y compartían un genuino momento- Louise, he tomado la decisión de no acabar con mi vida, he decidió seguir aquí, seguir junto a ti, viajar juntos, castaños, tener hijos y envejecer a tu lado.
-William, no puedo creerlo. Te amo y te prometo que jamás me iré de tu lado. Juntos saldremos adelante y superaremos cada obstáculo que la vida nos ponga en el camino.
Louise y William, después de aquel momento, salieron juntos de la casona, donde pensaron que acabaría todo. En ese mismo instante decidieron juntar a ambas familias en una gran cena para contarles el gran giro que la historia de ambos estaba tomando. Entre risas y una deliciosa comida celebraron todos juntos.
-Quisiera hacer un brindis, -Exclamó William lleno de emoción- por la familia, por Louise y por el amor que todo lo cura. Puede que no todos estén de acuerdo con eso, pero siento que a mí me curó. En realidad, más que eso, el amor me salvó, Louise me salvó. -William no pudo evitar emocionarse y por debajo de la mesa, tomó fuerte la mano de Lou- Esta noche brindemos por el amor, la familia y por la vida, ¡Salud!
Todos alzaron sus copas y brindaron muy felices.
Pasaron los meses, 5 meses para ser exactos. Hace un tiempo atrás William le había regalado a Louise un viaje a París, su destino soñado. Por fin había llegado el día, tras una semana estresante ordenando maletas, buscando pasaportes, visas y quien pudiera cuidarles a su nueva mascota Lulú, una gatita naranja que rescato Louise (William no estaba muy contento con el nuevo integrante de la familia, pero no podía decirle que no a su amada así que solo le quedó aceptar a la pequeña gatita).
El padre de Louise llegó a primera hora a buscarlos a su casa para poder llevarlos al aeropuerto.
– ¡Que tengan un buen viaje! Disfruten, tomen muchas fotos, coman muchos pain au chocolat y tráiganme un imán. – Se despidió el papa de Louise con una gran sonrisa.
Louise y William, nerviosos, esperaron el momento de su embarque.
-Te dije que no era necesario llegar 5 horas antes Lou, qué haremos ahora para pasar todo el tiempo de espera que nos queda. – Le reclamó William a Louise.
– Ay William, no seas tan amargado, podríamos comer algo, pasear por las tiendas y conocer el lugar. Nunca había estado en un aeropuerto, ¡Siempre es un buen momento para conocer lugares nuevos! -Le respondió Louise emocionada por la nueva experiencia.

Luego de 5 horas de paseo por los duty free, muchos cafés y dinero gastado por fin llegó el momento de subirse al avión.
– ¿Dejé la puerta cerrada?, ¿Le di a Lulú sus medicamentos para la alergia?, ¿Guardé mi mascarilla hidratante para mi cabello? ¡William creo que olvidé todo!
-Tranquila Louise, está todo bajo control. Yo cerré la puerta, tu mamá le dará los medicamentos a Lulú y si, si guardaste tu mascarilla en la maleta. Relájate, solo disfruta esta nueva experiencia, París nos espera. -La tranquilizó William, mientras le tomaba la mano.
– ¡William mira, no puedo creerlo, se ve hermosa!, William por qué no dices na…. – En ese instante, Louise vio a William con un anillo en sus manos.
-Louise, ¿Quieres casarte conmigo?
– ¡Oh por dios si, acepto! -Dijo Louise saltando de felicidad
La torre Eiffel se llenó de aplausos, gritos y llantos de muchas personas, emocionadas por la hermosa escena que acababan de presenciar.
Louise no podía contenerlo, inmediatamente llamó a a sus padres, su hermana y su mejor amiga.
– ¡ME VOY A CASAR! -Gritó Louise al inicio de cada llamada.
Tras 7 días de amor, emoción y muchos lugares recorridos, la pareja volvió a casa. Louise le mostraba su anillo a cada persona que veía, su vecino, el panadero, al guardia del supermercado y a Lulú, millones de veces.
Desde ya Louise comenzó a guardar ideas, comprar revistas y buscar modistas, ahora solo queda esperar el gran día.