Por Ignacia Jaurés Moreira
Vanellope estaba lista para cruzar la meta, empujada por Ralph. En el momento en que su auto hecho de dulces cruzó aquellas líneas, no paso lo que todos esperaban. Sí, todo empezó a reconstruirse, pero no como antes, si no de una forma monstruosa y oscura. Todos los caramelos estaban podridos y en mal estado. Los niños regresaron y, con la memoria de vuelta, se reveló la verdad.
Vanellope era la princesa de ese lugar, pero era sumamente malvada, ya que tenía un pasado muy oscuro debido a sus padres. Aquel mundo de videojuego, en el fondo, era una realidad ficticia que había creado en su mente para escapar de todo el maltrato que había sufrido. Sin embargo, ese dolor terminó convirtiéndola en lo mismo que sus padres eran, pero dentro del mundo de una niña.
Ralph y Félix no podían creerlo. Todo lo que había en aquel lugar había cambiado, y la misma Vanellope dejó de verse como una niña tierna para convertirse en algo desagradable de mirar.
En ese momento, cuando ambos observaron los ojos de la dulce niña que Vanellope solía ser, ya no encontraron dulzura en ellos, sino odio y locura. Entonces supieron que tenían que escapar de ese lugar cuanto antes.
Todo lo que había construido el Rey Candy había sido para salvarlos a todos de las cosas que hacía la princesa. Ahora Ralph lo entendía y tenía un plan.
Empezaron a correr muy rápido. Sabían que salir del juego no era suficiente, ya que Vanellope también podía salir y destruirlo todo. Sin embargo, su verdadero objetivo eran ellos. Mientras corrían, Ralph le dijo a Félix que conocía un lugar donde Vanellope solía esconderse. Una vez reconstruido el mundo y tras entrar en la falla, se ocultaron allí hasta que todo se oscureció.
Vanellope, al recuperar la memoria, olvidó todo lo que había vivido en el mundo del Rey Candy. Por eso, ya no recordaba el lugar donde solía vivir. Pero eso no importaba, porque tenía el poder y el control de todos los que estaban allí. Así que creó una enorme fortaleza para impedir que alguien pudiera escapar de ese lugar, sabiendo que Ralph y Félix seguían atrapados dentro.
Mientras tanto, Ralph y Félix permanecían escondidos en silencio. Sabían que cualquier error podía revelar su ubicación. Afuera, la oscuridad se extendía por todo el reino, y cada rincón parecía estar bajo la vigilancia de Vanellope. Lo que alguna vez fue un mundo lleno de dulces y colores se había convertido en una prisión gobernada por el miedo.
Ralph sabía que luchar contra ella era inútil, porque de todas formas perderían. Creía que la única manera de salir con vida era cambiando la forma en que Vanellope pensaba y tratando de ayudarla a sanar sus emociones y sus traumas. Él estaba convencido de que tenía la capacidad para lograrlo y creía que el tiempo que pasó con ella le había demostrado quién era realmente esa niña en su interior: alguien con un buen corazón.
Habló de todo esto con Félix y, al día siguiente, ambos estaban listos para intentar ayudarla.
Al salir de la falla, los esperaba un ejército de guardias de galleta podrida que se abalanzó sobre ellos. Antes de que pudieran reaccionar, fueron capturados y llevados al castillo de la princesa.
Nada los preparó para lo que encontraron allí. Sin darles ninguna explicación, los arrojaron a un calabozo y los colgaron de cabeza.
Vanellope era muy cruel. No solo pensaba encerrarlos; también pretendía matarlos de una forma terrible. Para ella, el sufrimiento de sus enemigos era una fuente de diversión, y estaba decidida a hacer que Ralph y Félix pagaran por haber intentado escapar de su reino.
Mientras permanecían colgados en la oscuridad de la celda, ambos comprendieron que el tiempo se estaba agotando. Si Ralph quería salvar a Vanellope de sí misma, tendría que hacerlo antes de que la princesa decidiera ejecutar su terrible plan.
Pasó el tiempo y, al fin, Vanellope bajó, seguida de unos enormes perros hechos de dulces que parecían hambrientos y estaban listos para devorar a Ralph y Félix.
Ralph habló antes de que ella pudiera decir una sola palabra. Tras conocer la historia que los niños le habían contado y comprender el trauma que arrastraba por culpa de sus padres, intentó convencerla de que ese dolor no la definía. Le dijo que no debía tratar a los demás de la misma forma en que ella había sido tratada, sino que debía ser mejor que eso y vivir una niñez acorde con su edad.
Ralph sabía que ella podía ser una mejor persona, porque el tiempo que pasó a su lado le había demostrado quién era realmente en su interior. A pesar de todo lo ocurrido, seguía viendo en ella a la niña de buen corazón que había conocido.
Sus palabras hicieron eco en la mente de Vanellope. Por primera vez en mucho tiempo, comenzó a cuestionarse sus propias acciones. En el fondo, sabía que estaba haciendo las cosas mal y, por un instante, quiso cambiar. Estaba lista para liberarlos cuando, de repente, Ralph sintió que todo a su alrededor comenzaba a desvanecerse.
Las paredes del castillo desaparecieron poco a poco. Los guardias, los perros de dulce e incluso Félix empezaron a deshacerse como si fueran humo. Ralph miró sus propias manos y vio cómo también comenzaban a desaparecer. Entonces lo comprendió: Vanellope estaba despertando.
Todo aquello era parte del mundo que ella había creado en su mente, y al despertar lo olvidaría todo. Volvería a ser una niña consumida por la rabia y el sufrimiento causado por la realidad que la esperaba fuera de aquel lugar.
Vanellope abrió los ojos.
Los maltratos regresaron. La tristeza regresó. La soledad regresó.
Y aquella niña llamada Vanellope solo deseaba volver a dormir, para regresar al mundo que había creado en su mente, un mundo donde podía hacer sufrir a otros de la misma manera en que ella sufría cada día. Allí, al menos, tenía el control. Allí, al menos, nadie podía hacerle daño.