
“Si no se sufre, no se vale” era una frase que solía marcar una trabajada victoria en cancha de la Universidad de Chile, sin embargo, hoy los hinchas azules están acostumbrados a soportar una serie de inconvenientes cuando se trata de ir al estadio a alentar al león. El partido de la “U” ante Botafogo se comenzó a jugar mucho antes para los fanáticos.
Suspensiones por falta de estadio, Delegaciones Presidenciales que no suelen ser amigas de la “U” y una relación completamente rota entre la dirigencia de Azul Azul y los fanáticos marcan una tendencia que la hinchada más fiel de nuestro país no se merece.
No es una mentira, al menos desde los datos, que la hinchada de la “U” es la que más sigue a su club actualmente. En 2024, contando los partidos de local, asistieron un total de 501.706 simpatizantes con un promedio de 35.836. Ningún equipo llevó más gente al estadio.
Su archirrival, Colo Colo congregó a 417.975 seguidores albos con un promedio de 27.865. Aun más lejos, Deportes Iquique sumó 125.017 dragones celestes, promediando 9.617.
Los precios de las entradas tampoco son justas, menos aún populares. En 2022, cuando el equipo se vio obligado a hacer de local en el Estadio Santa Laura, la dirigencia azul implementó un alza de precios en la galería, de 6 mil pesos a 11 mil pesos, convirtiéndose ya en ese entonces en las entradas más caras del fútbol chileno. El hincha siguió yendo.
El Bulla vuelve este miércoles a Copa Libertadores y el bolsillo duele, más aún a fines de marzo, un mes económicamente complicado para todos. Más allá de que los precios de las entradas aumentan para partidos internacionales, en este caso la galería de 11 mil a 16.500 pesos, la estrategia de venta fue sin duda extraña.
Sé anunció una venta por etapas, separado en cuatros grupos de clientes con su respectivas condiciones, días y horarios, donde el mismo club tuvo que rectificar más adelante. Enredo mayúsculo que aquí hago el intento de explicar.
El martes 25 de marzo se anunció que la venta sería en cuatro fases. La primera sería el miércoles 26 de marzo a las 16:00 horas. Esta consistía en una preventa para los tres partidos de local a la cual podían acceder abonados y personas con “Conexión MACH”, en palabras simples, una suscripción extra.
Dentro de estas conexiones, hay cuatro opciones, pero solo servían dos para esta venta, una que cuesta actualmente 99.000 pesos y otra de 10.000 cuyo único beneficio era esta preventa.
En la fase 2 -sí, recién la segunda- estos mismos hinchas, que ya han pagado alguno de los beneficios anteriores, podían acceder a la venta del partido único ante Botafogo. Fase 3 consistía en venta para público general para los tres partidos de local y en la fase 4 es donde más polémica hubo.
Esta parte era evidentemente la venta general solo para el partido de este miércoles y estaba anunciada originalmente para el viernes 28 de marzo a las 12:00. Como si la ansiedad de los azules fuera un juego, esta fase se suspendió y las entradas terminaron siendo liberadas el lunes 31 de marzo a las 20:00. En imágenes, el antes y el después de este lío.

Durante ese mismo lunes, el club anunció que habían más de 30.000 abonos vendidos, es decir, prácticamente tres cuartos del estadio serán las mismas personas para los tres partidos de local. ¿Cuál es la estrategia detrás de todo esto? Para el hincha, incomprensible -para mí, también-.
La teoría -que yo defiendo al menos- es que la prioridad de la dirigencia es cuidarse de sanciones por incidentes con las barras, considerando que la Universidad de Chile acumulaba una sanción de la última vez que participó en esta copa y se le levantó. Literalmente, prescribió.
El primer argumento de esta suposición recae en lo económico, ya que finalmente se vendieron casi todas las entradas a modo de abono, lo que implica que los hinchas no deban gastar solo los 16.500 de la galería, sino 49.500 en una sola compra. Esto hace pensar que la dirigencia apuntó a que los fanáticos de mayor poder adquisitivo, por lo tanto, de un hipotético mejor comportamiento.
Por otro lado, ¿qué beneficio podría tener que la mayoría de las personas se repitan? Muy seguramente un mayor control en cuanto a sanciones. En caso de alguna incidencia, esto daría la facilidad de suspender a alguien y asegurarse que no asista al partido siguiente. Considerando el RUT asociado a la entrada y que el ingreso se hace mediante el código QR del carnet de identidad.
La hinchada más leal de Chile es maltratada una vez más, esta vez por su propia dirigencia. Como lector no lo dude ni un segundo, el hincha seguirá yendo.